miércoles, 23 de septiembre de 2015

Antes de que me olvides...



Por Elisabeth Gutiérrez Bermúdez

“Recuerdo que dejó de recordarme. Me miraba y no le brillaban los ojos de la misma manera. Olvidó pronunciar mi nombre, abandonó sus salidas al parque, no sonreía ni se alegraba por las cosas buenas que ocurrían a su alrededor. Solo disfrutaba con la música de su época y sonreía rememorando alguna historia de su niñez o de su primer y único amor. Casi siempre estaba de  mal humor, y cuando me contaba alguna historia perdía el hilo y divagaba.

Me lamentaba a diario. No sabía en qué momento exacto había comenzado a perderle, no sabía en qué punto comenzó a desorientarse, a preguntarme cuándo llegaría Juana (su gran amor, mi abuela de la que enviudó hace ya algunos años), pues según él, últimamente siempre faltaba a su cita de las cinco y eso le irritaba.

Pero poco a poco dejó de preguntar por ella, parecía que se había dado por vencido y comprendía que jamás iba a llegar. Perdió el interés por todo, dejó de hablar, y no volver a escuchar su voz me provocó una de las sensaciones más tristes que jamás he vuelto a sentir. Se fue alejando hasta que desapareció por completo (aunque perdura por siempre en mis recuerdos).

Mi único consuelo es saber que, a su manera, en todo momento supo que yo era su nieta favorita y estaba ahí para cuidarle y recordarle que era el mejor abuelo del mundo.

“La demencia se come el pensamiento del enfermo y a su vez destroza los sentimientos de los que lo quieren y lo cuidan”. Dr. Nolasc Acarín Tusell

“El 21 de septiembre se celebra el día mundial del Alzheimer, fecha elegida por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de Alzheimer, cuyo objetivo no es más que el de dar a conocer la enfermedad y solicitar el apoyo y solidaridad de la población,de las instituciones y organismos oficiales”.


Algunos datos epidemiológicos nos dicen que…


Cada 7 segundos surge en el mundo un nuevo caso de demencia, siendo actualmente su prevalencia de unos 35,6 millones. La demencia tipo Alzheimer es la más común ocupando entre un 60% y un 70% de los casos totales. 

Además, la mejora de la salud mundial está produciendo un aumento del envejecimiento poblacional, de tal manera que en España se calcula que, para el 2050, uno de cada tres españoles tendrá más de 65 años, lo que hace prever que el número de afectados por Alzheimer ascenderá a una cifra cerca del millón. Datos alarmantes, ¿verdad?


Dime Alzheimer ¿de dónde vienes?


Hoy en día, cuando escuchamos la palabra Alzheimer nos resulta familiar y la solemos relacionar con una pérdida de memoria. Además, la acompañamos por una connotación negativa por lo que supone para el enfermo pero sobre todo para su familia. Pero ¿qué más sabemos sobre ella? Remontemos a su inicio.

 Fue detallada por primera vez en una conferencia en noviembre del año 1906 por el neurólogo Alois Alzheimer, a quien debemos su nombre. En ella describió a una paciente llamada Auguste D (la primera persona diagnosticada por esta enfermedad) de 51 años de edad, residente en Frankfurt, que presentaba un deterioro cognitivo progresivo, alucinaciones y delirios. 

Determinó tras examinarla exhaustivamente, que su memoria estaba deteriorada así como el lenguaje, mostraba desorientación y sufría paranoia y alucinaciones auditivas.  Según escribió Alzheimer, "Augusta se cubría con la almohada en vez de con las sábanas y se acurrucaba sobre el edredón de plumas". Esta actitud evidenciaba un avanzado deterioro cognitivo, que a día de hoy se considera propio de la enfermedad.

A grandes rasgos, podemos decir que es una enfermedad sin causa conocida que se inicia de forma insidiosa apagando lentamente ciertas áreas de neuronas (no todas) de forma progresiva. Se divide en 3 fases: una inicial acusada por una leve sintomatología que muestra una pérdida de memoria, cambios de humor bruscos (que a su vez alteran las emociones y producen un deterioro en las relaciones sociales) y desorientación en tiempo y espacio. 

Le sigue una fase intermedia que suele durar entre 2-10 años (la mayoría de casos se diagnostican en esta fase), donde se ocasiona un deterioro cognitivo más acentuado que afecta, aunque no sucede igual en todas las personas, al pensamiento, al lenguaje, a la comprensión, al cálculo, al aprendizaje y al juicio, produciendo también problemas de movilidad y coordinación. La fatiga aumenta y la motivación disminuye pudiendo desatar reacciones agresivas y desmesuradas ante estímulos mínimos. 

Todo esto poco a poco conlleva a una pérdida completa de la autonomía, entrando en la tercera y última fase (que puede durar entre 1-5 años) donde el enfermo presenta tal pérdida de células cerebrales que le llevan al mutismo, a una rigidez que le impide hacer vida fuera de la cama o el sillón y, en definitiva, a la ausencia completa de las funciones cognitivas donde ya no reconocen a su familia ni seres queridos. Durante esta fase aparecen un gran número de enfermedades e infecciones al carecer de defensas, por lo que suelen fallecer a causa de una complicación de éstas.

La esperanza media de vida desde que se diagnostica hasta el fallecimiento, es de 4 a 8 años para las personas mayores de 65 años, aunque en ocasiones pueden llegar a vivir hasta 20 años.


Y… ¿En qué se basa tu diagnóstico? 


Aunque hay muchos avances al respecto, el diagnóstico definitivo continúa siendo post-mortem a través de una autopsia cerebral. No obstante, nos podemos basar en la clínica que presenta el paciente y en el descarte de otras demencias.

Para obtener los datos necesarios se requiere de un examen riguroso comprendido por una historia clínica completa, una exploración física, un estudio neurológico (basado en test formados por una serie de preguntas que ayudan a detectar los síntomas mentales provocados por lesiones cerebrales) y pruebas de imagen.

Se requiere de un tiempo mínimo de unos 16 a 22 meses desde los primeros síntomas para poder hacer un “probable” diagnóstico de Alzheimer. Solo si apareciera una agravación de las capacidades cognitivas, se podría acelerar el proceso.


¿Cómo puedo tratarte? 


Es otra de las asignaturas pendientes. Actualmente, no existe un tratamiento curativo eficaz que controle o detenga el daño neurodegenerativo. Se dispone de fármacos que ayudan a tratar su sintomatología para reducir y/o retrasar su aparición con el fin de mantener la independencia del individuo, pero existe también el tratamiento no farmacológico, el cual es vital y deseable siempre que sea posible. Este recomienda estimular cognitiva y afectivamente al paciente mediante el manejo de algunas técnicas, como por ejemplo:
  • Entrenamiento de la memoria (adivinanzas, refranes, reconocer personas, describir objetos, etc.)
  • Orientación a la realidad (recordarle diariamente la fecha, lugar donde se encuentra, nombres, etc.)
  • Musicoterapia (que escuche y baile música de su época. Actualmente se cree  que el área del cerebro que aloja los recuerdos musicales se ve menos dañada por la enfermedad. Se sabe que los recuerdos que más perduran son los que están unidos a una vivencia emocional intensa y la música está muy ligada a las emociones)
  • Estimulación física (que pasee y no esté sentado mucho tiempo. Mantenerles activos produce una mejora de la calidad de vida y un menor deterioro físico y cognitivo, por lo que se recomienda en estadios iniciales)
  • Modificación del entorno (estimulación con luz, retirar los espejos, etiquetar  los enseres cotidianos o el mantenimiento de las puertas abiertas, son estrategias que se emplean pero de las que existe poca evidencia científica que demuestre su eficacia, aunque pueden ser de gran utilidad en algunas personas)

Es muy importante hacer un seguimiento de cerca para saber si el tratamiento funciona favorablemente. Lo adecuado es hacer una combinación del farmacológico con el no farmacológico.


¿Podría evitar de alguna forma padecer Alzheimer?


Aunque no se sabe su causa o mejor dicho, sus causas,  si se han determinado una serie de factores de riesgo que aumentan la probabilidad de padecerla.

Algunos son:
  • La edad (la mayoría son mayores de 65 años pero se han dado algunos casos en edades previas).
  • La herencia genética (la probabilidad aumenta si se tiene un padre y/o hermano afectado, duplicándose si hay más de un familiar con dicha enfermedad. Pero no es determinante, pues se dice que es una combinación de influencias genéticas y no-genéticas)
  • Mayor prevalencia en el sexo femenino
  • Consumo de tabaco y/o alcohol
  • Tener un bajo nivel educativo
  • Presentar síntomas depresivos
  • Estilo de vida poco saludable (dieta desequilibrada y realizar poca o nula actividad física)
  • Padecer hipertensión, Diabetes Mellitus u obesidad

Lamentablemente no existen pautas para prevenirla al desconocer aun su causa, pero una de las claves principales está en apostar por un estilo de vida saludable. Son varios los estudios que aportan buenos resultados cuando se decide mantener una dieta equilibrada que incluya pescado, frutas, vegetales, pan, cebada, aceite de oliva y consumo moderado de vino tinto (contiene antioxidantes que podrían ser neuroprotectores). 

También benefician el no fumar, hacer ejercicio regularmente y realizar actividades que estimulen la mente.  Claro está que no podemos olvidarnos de factores no modificables como la herencia genética o el hecho de ser mujer, por ejemplo, pero esa es la mala suerte que no se puede saltear.


Creo que un familiar sufre Alzheimer ¿existe algún test que pueda orientarme antes de ir al Centro de Salud?


La respuesta es “sí”. Desde hace pocos años se dispone de un test de memoria y cognición para realizar en caso de sospecha, el AD8. Fue desarrollado por científicos norteamericanos basándose en 8 preguntas que deben ser contestadas por una persona cercana al “enfermo”, pues normalmente es un familiar o amigo el que se percata de cambios en el carácter y/o disminución del interés para realizar actividades, que le hacen dudar sobre si padece algún tipo de demencia. 

Es importante recalcar que una pérdida de memoria no es sinónimo de Alzheimer, pues suele ser una queja habitual en cualquier edad, aunque se multiplica en la etapa final de la vida. De la misma manera, tampoco son determinantes la pérdida de motivación o la disminución de ciertas capacidades intelectuales. Esto solo debe llamarnos la atención para proceder y pedir ayuda.

El AD8 evalúa si las alteraciones en la cognición afectan en la realización de tareas cotidianas, lo que permite identificar a aquellos que precisan un seguimiento. Evidentemente, su función no es la de diagnosticar una demencia, pues eso es tarea del especialista, pero sí juega un papel fundamental para elaborar una detección precoz y así actuar cuanto antes. Puede verlo a continuación:

AD8

¿Qué preguntas plantearse? (contestar por "Si" o "No")
1) ¿Ha habido algún problema a la hora de tomar una decisión? Un ejemplo puede ser una mala decisión económica.
2) ¿Ha disminuido su interés por sus pasatiempos o aficiones?
3) ¿Repite las cosas, tales como historias, declaraciones o preguntas?
4) ¿Tiene problemas de aprendizaje o de utilizar aparatos modernos como el mando a distancia del televisor o un horno de microondas?
5) ¿Ha olvidado la fecha en la que vive, mes y año?
6) ¿Ha notado alguna dificultad en su manejo de la economía doméstica?
7) ¿Olvida las citas con más frecuencia que antes?
8) ¿Ha notado algún problema en relación con la memoria o el pensamiento?

¿Cómo valorar el test?
Cada "Sí" supone un punto.
Si la puntuación final es mayor a 2 puntos, la persona necesita realizar el test de Mini Mental.

Mi familiar ha dado 3 puntos en el test AD8 ¿Nuestro enfermero de Atención Primaria puede ayudarnos?


Haya o no realizado el AD8 previamente, ante cualquier sospecha debe asistir a su Centro de Salud. Enfermería, por ser el profesional más cercano y mejor dotado en cuanto a promoción de la salud y prevención de enfermedades, es el más indicado para ayudar en estos casos.

Desde la consulta de enfermería de Atención Primaria, se ofrecen una serie de instrumentos de cribado que ayudan a detectar una posible demencia. Son test fáciles, rápidos, simples, de bajo coste y aplicables a todo tipo de personas, con el que se obtiene un punto de corte que ayuda a seleccionar a aquellos pacientes susceptibles de ser derivados al médico especialista y así recibir una exploración exhaustiva y poder emitir un diagnóstico correcto. 

El test más utilizado es el Mini-Mental State Examination, pero también existen el Test del reloj y Pfeiffer, entre otros.

Asimismo, a través de las visitas que realiza a su enfermero, éste profesional también  juega un papel fundamental en la detección de una posible demencia, pues al ofrecer un seguimiento estrecho (tanto en el centro de salud como en el domicilio) puede observar desviaciones en el estado de salud que estimulen la realización de los test. Por ello, es importante que cumpla con su autocuidado, lo que implica también acudir a las visitas programadas con su enfermero y médico de familia.

Igualmente, enfermería colabora en las fases iniciales de la enfermedad con el objetivo de potenciar el autocuidado y prolongar el mayor tiempo posible la independencia del individuo. Ofrece actividades encaminadas a facilitar la ejecución, principalmente, de las Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD) e interviene en el entrenamiento de las habilidades cognitivas. 

En fases avanzadas brinda atención a través de la visita domiciliaria incluyendo a toda la unidad familiar, abasteciendo una red de soporte a través del Equipo de Atención Primaria. No podemos olvidar que la familia es la indirectamente perjudicada sobre la que recae el peso de la enfermedad, donde suele haber un cuidador principal  con el que debemos colaborar, educándole adecuadamente e informándole de las ayudas de las que se disponen para, en definitiva, evitar su sobrecarga y hacerle más fácil el camino de cuidar a un ser querido.


¿Qué no debería hacer NUNCA ante un enfermo de Alzheimer? 


La Fundación Alzheimer España, en su web, publica los 10 “nuncas” a utilizar con un enfermo de Alzheimer:

1. NUNCA discutas con el enfermo, ponte de acuerdo con él.
2. NUNCA trates de razonar, distrae su atención.
3. NUNCA le avergüences, ensálzalo.
4. NUNCA trates de darle lecciones, serénalo.
5. NUNCA le pidas que recuerde, rememórale las cosas y hechos.
6. NUNCA le digas "ya te lo dije...", repíteselo cuantas veces haga falta.
7. NUNCA le digas "ya te lo dije...", dile "haz lo que puedas".
8. NUNCA le exijas y ordenes, pregunta y enséñale.
9. NUNCA condesciendas, dale ánimos o ruégale.
10. NUNCA fuerces, refuérzale.

Si te ha parecido curioso, entra en su web http://www.alzfae.org/alzheimer  y continúa indagando. Verás que está cargada de información muy útil.


Antes de que me olvides recuerda que intenté evitarlo…

Se sabe que es una enfermedad que produce miedo y que éste puede ser uno de los motivos por los que su diagnóstico está infravalorado, pues se estima que casi la mitad de los enfermos no están diagnosticados y esto impide ser tratados a tiempo. También sabemos que tiende al alza, que supone un elevado coste sanitario y que no solo deteriora a la persona que la padece, sino que comporta un declive familiar.


Por ello, no podemos desviar la mirada hacia otro lado e ignorar lo que ésta significa.  Ante cualquier duda o consulta, visita a tu enfermero de Atención Primaria. ¡Pero hazlo rápido! Hazlo antes de que llegue un día en el que seas incapaz de recordarlo.

Para terminar, échale un vistazo al siguiente cortometraje para que veas lo duro que es perderse entre recuerdos olvidados.



“Sé que me miras sin mirarme y que quizás me recuerdas sin acordarte. No te preocupes, yo sé quién eres y jamás podré olvidarte”


miércoles, 16 de septiembre de 2015

Cadena de frío: cuando la enfermera es el eslabón más fuerte


Por Ángel Palacios Álvarez

La vacunación de la población es una de las actividades clave que realiza la enfermera de Familia y Comunitaria en su día a día. Su labor a este respecto consiste en informar al paciente sobre el propósito de la vacuna, su eficacia, sus beneficios, sus posibles efectos adversos, las dosis que necesita, además de encargarse de su correcta administración y registro en la historia clínica. 

Pero, además, la enfermera realiza un importantísimo trabajo al ser responsable, en muchos casos, del correcto mantenimiento de la cadena de frío de las vacunas del centro sanitario. Si la cadena de frío se rompe la eficacia de las vacunas puede alterarse o incluso perderse por completo, con lo que disminuirá su eficacia sobre la inmunidad de la población ante la enfermedad contra la que se quiere luchar. 

Las enfermeras son muy conscientes de la importancia del mantenimiento de la cadena de frío, conociendo cuales son los elementos clave de esta tarea. Esta semana queremos dedicar este espacio a dar un breve repaso de las actividades principales a tener en cuenta para que todas las vacunas del centro se administren en su estado de conservación óptimo. Esperamos que os resulte interesante.


La cadena de frío


El mantenimiento de la cadena de frío es el proceso mediante al cual un producto termosensible mantiene su temperatura dentro de unos parámetros concretos desde su producción hasta su consumo. Las vacunas son uno de estos productos sensibles a la temperatura, y en su caso la cadena de frío debe mantenerse desde su producción en los laboratorios hasta su administración a la población en los diferentes centros de vacunación.

Este proceso se llama cadena porque las distintas fases que implica, transporte, distribución, almacenamiento, manipulación y administración, son verdaderos eslabones que deben mantenerse unidos firmemente, y que de alterarse la temperatura de las vacunas en alguno de ellos afectaría a su inmunogenicidad. Las vacunas pueden inactivarse y volverse ineficaces no solo con los cambios de temperatura sino también con los cambios de humedad o de luz (sin olvidar su caducidad que debe cumplirse estrictamente).


El responsable de vacunas


En cada centro de vacunación debe designarse un responsable de vacunas, quien será la persona encargada del mantenimiento de la cadena de frío desde la recepción de las vacunas hasta su administración. En muchos casos, esta persona responsable es una enfermera, debido a que está en contacto directo con las vacunas y, como hemos dicho, se encarga de su administración. 

El responsable de vacunas debe ser una persona formada en los aspectos relacionados con la cadena de frío, debe conocer las vacunas y sus características, y los protocolos de actuación ante situaciones de rotura de la cadena de frío.

Además, esta enfermera tendrá una serie de tareas periódicas muy importantes que hará que todo este proceso tenga una calidad asegurada. Entre las tareas más importantes están: 

  • Recibir las vacunas en el centro, comprobando la temperatura durante del transporte.
  • Almacenarlas en las condiciones óptimas.
  • Comprobar el correcto funcionamiento de los frigoríficos de almacenaje.
  • Comprobar la cantidad de vacunas de que se dispone y realizar el pedido correspondiente.
  • Comprobar las caducidades de las vacunas.
  • Registrar diariamente las temperaturas máximas y mínimas del frigorífico.
  • Informar sobre incidentes con las vacunas.
  • Ofrecer sesiones al equipo sobre actualizaciones en vacunas. 

Es muy importante que en el centro de salud haya varias personas que estén formadas y conozcan las funciones del responsable de vacunas, y que, en su ausencia, sean capaces de asumir sus funciones.

El trabajo del responsable de vacunas es, como otras muchas tareas que realizan las enfermeras de Atención Primaria, una labor muy importante pero que en muchos casos pasa desapercibida o no es valorada en su justa medida.


Recepción de las vacunas


Cuando las vacunas llegan al centro de salud, el responsable debe encargarse de:
  • Comprobar que las vacunas recibidas corresponden con el pedido en tipo y cantidad.
  • Comprobar el estado de las vacunas, y que sus envases están en buenas condiciones, asegurándose de que las fechas de caducidad son correctas.
  • Verificar que los monitores de transporte del interior de las neveras ofrecen una lectura correcta (estos monitores recogen las temperaturas máximas y mínimas durante el transporte).
  • Rellenar y firmar el formulario de recepción de las vacunas.
  • Almacenar las vacunas en los frigoríficos correspondientes, colocándolas por orden de caducidad, de manera que se acceda con mayor facilidad a las vacunas más antiguas.

Si se produjera cualquier incidencia durante esta recepción se debe comunicar al distribuidor inmediatamente, a la vez que a los servicios de Salud Pública correspondientes.


Almacenaje y conservación de las vacunas


Las vacunas necesitan una serie de revisiones diarias para asegurar su correcto almacenaje y conservación. Las tareas del responsable de vacunas a este respecto son:
  • Comprobar que las temperaturas del frigorífico no han sobrepasado los límites del rango de conservación. Las vacunas se deben mantener en un rango de temperaturas entre 2ºC y 8ºC. El termómetro de máximas y mínimas debe estar colocado correctamente, accesible sin abrir la puerta del frigorífico y con la sonda situada en el centro del mismo, separado de las paredes y del hielo (no existe consenso de los expertos sobre si la sonda debe situarse en un medio líquido o colgando sin contacto).
  • Registrar la temperatura máxima y mínima del turno en la gráfica de temperaturas y resetear el termómetro.
  • Verificar que el frigorífico solo contiene vacunas, medicamentos termosensibles y acumuladores de frío (en ningún caso se puede utilizar el frigorífico para guardar comidas y bebidas). Se recomienda tener acumuladores de frío (pudiendo ser botellas de agua salina) en la parte inferior del frigorífico para que, en caso de avería del frigorífico, se mantenga la temperatura durante unas horas. Además, permitirán estabilizar la temperatura cada vez que se abra la puerta.
  • Examinar las fechas de caducidad de las vacunas, comprobando que no están caducadas y que están colocadas en el frigorífico por orden de antigüedad.
  • Revisar que las vacunas están colocadas adecuadamente por orden de termosensibilidad (ver epígrafe más abajo).
  • Comprobar que las vacunas están protegidas de la luz y de la humedad, y que no están colocadas en la puerta del frigorífico.
  • No permitir que la cantidad de vacunas almacenadas sobrepase el 50% de la capacidad total del frigorífico, consiguiendo así una estabilidad en la temperatura y la circulación de aire (lo que evita la condensación).
  • Evitar que se forme hielo o escarcha dentro del frigorífico. Esto se consigue a través de una correcta limpieza de las paredes. Cuando el frigorífico tiene hielo disminuye su capacidad de enfriamiento y su estabilidad térmica.
  • Comprobar que la puerta del frigorífico quede siempre bien cerrada. Se recomienda abrir el
    frigorífico las menos veces posibles durante el turno, y que cuando se abra sea el menor tiempo posible.
  • Verificar que cada estante tiene un cartel que indica que vacunas contiene, que ayude a localizar las vacunas lo antes posible (incluso antes de abrir la puerta si esta es de cristal). Se recomienda tener cerca del frigorífico un esquema gráfico de la colocación de las vacunas dentro del mismo.
  • Confirmar que situación del frigorífico es la adecuada, separado 10 centímetros de la pared por todas sus caras, alejado de fuentes de calor y de la luz directa del sol. Además, debe estar enchufado directamente a la red eléctrica y nunca a una regleta de enchufes. Debido al gran valor del contenido del frigorífico se recomienda que esté conectado a un sistema de emergencia eléctrico para evitar la ruptura de la cadena de frío.


Colocación de las vacunas según su termosensibilidad


Las vacunas deben ubicarse dentro del frigorífico de una manera específica a fin de conservarlas adecuadamente. Para ello debemos seguir las siguientes indicaciones:

  • La vacunas termolábiles se deben almacenar en las zonas más frías del frigorífico. Estas vacunas son aquellas a las que afecta fácilmente el calor. Las vacunas de este tipo más frecuentes en nuestras neveras son Polio Oral y Triple Vírica. Se sabe que la pérdida de eficacia de estas vacunas por subidas de la temperatura es acumulativa.
  • Las vacunas sensibles a temperaturas inferiores a 0ºC se situarán en la zona menos fría del frigorífico. Son vacunas que pierden su efectividad cuando se congelan por lo que hay que mantenerlas alejadas de las paredes interiores y de zonas con hielo. Las vacunas de este tipo más frecuentes en nuestras neveras son Difteria, Tétanos, Pertusis, Haemophilus Influenzae Tipo B, Hepatitis A, Hepatitis B, Meningococo conjugada C, Polio inactivada, Gripe y Neumococo polisacárida.


Transporte de las vacunas


En algunas ocasiones es necesario transportar las vacunas fuera del centro de salud, ya sea para su uso inmediato o para cederlas a otros centros de vacunación (por ejemplo, es habitual que cuando un centro agota las existencias de una vacuna que necesita de manera inmediata, le pida un número pequeño de ellas a un centro próximo).

En estos casos, se debe utilizar un contenedor térmico adecuado, que suele ser una nevera tipo camping, provista de acumuladores de frío. Estos deben estar colocados de tal manera que no estén en contacto directo con las vacunas transportadas (se pueden separa con una placa de corcho blanco). 

Si el transporte es largo, se recomienda el uso de un termómetro de máximas y mínimas (o cualquiera de los indicadores de temperatura de transporte específicos que existen en el mercado) que nos asegure que se ha preservado la cadena de frío.


Ruptura de la cadena de frío


Si por cualquier motivo, se interrumpe el suministro eléctrico del frigorífico, y nos damos cuenta a tiempo, se debe evitar abrir la puerta para mantener el mayor tiempo posible el rango adecuado de temperatura para las vacunas. 

Si no se abre el frigorífico, este podrían mantener las vacunas correctamente refrigeradas hasta 6 horas sin recibir corriente eléctrica. Una vez que se comprueba que no se va a poder restaurar la corriente eléctrica a tiempo, se deben trasladar lo más rápido posible las vacunas a un lugar adecuado (otro frigorífico en el mismo centro o en otro) manteniendo estrictamente la cadena de frío.

En otras ocasiones, cuando el frigorífico se avería o se pierde el suministro eléctrico no estamos presentes. Al mirar el termómetro de máximas y mínimas nos daremos cuenta de que se ha roto la cadena de frío.  En este caso, se deben inmovilizar todas las vacunas, pasándolas a otro frigorífico adecuado lo antes posible, pero sin posibilidad de ser utilizadas. 

Entonces debemos notificar lo antes posible la incidencia al Servicio de Prevención del Servicio de Salud Pública correspondiente, indicando que ha sucedido, que temperaturas marcaba el frigorífico, que vacunas contenía y cuanto tiempo ha estado sin suministro. No se podrán utilizar estas vacunas hasta que el Servicio de Prevención valore y comunique que vacunas se deben desechar y cuales se pueden utilizar. 


Inspección de los frigoríficos


Los Servicios de Prevención del Servicio de Salud Pública de cada región son los encargados de velar por el correcto mantenimiento de la cadena de frío de todos los centros de vacunación. Por ello, periódicamente realizan una inspección del estado de conservación de las vacunas y de los frigoríficos de almacenamiento, tras la que generan un informe técnico con una serie de recomendaciones y consejos para mejorar los sistemas de conservación. 


Durante la inspección el técnico de Salud Pública cumplimentará un formulario que valora todos los aspectos expuestos durante este artículo, poniendo especial énfasis en la comprobación de la exclusividad del frigorífico para vacunas, conexión a la red eléctrica, porcentaje de ocupación, colocación de las vacunas según termosensibilidad, presencia de hielo, averías recientes, correcto funcionamiento del termómetro, localización de la sonda, y gráfica de registro de temperaturas.


La enfermera: el eslabón más fuerte de la cadena de frío


Dada la importante labor que supone el mantenimiento de la cadena de frío y la adecuada conservación de las vacunas en el centro de salud, podemos decir que tanto la enfermera responsable de vacunas como el resto de enfermeras que las administran cumplen una función esencial y en muchos casos poco reconocida. Es fundamental conocer todo el proceso y el trabajo que conlleva para poder apreciar este esfuerzo. Por ello, es necesario que todos los enfermeros estemos formados y actualizados en un tema tan complejo y cambiante como son las vacunas, para poder ejercer correctamente nuestra función cada día.

¡La enfermera de Atención Primaria, tu principal referente en la administración y conservación de las vacunas!



Damos las gracias al Servicio de Prevención y al personal del Área 7 del Servicio de Salud Pública de la Comunidad de Madrid por su gran aporte de información y su apoyo en la redacción de este artículo.


miércoles, 9 de septiembre de 2015

¿Sexo? Sí, gracias...(II)



Por Olga Álvarez Montes

El amigo invisible


El pasado 4 de Septiembre se celebró el día mundial de la salud sexual en el que entre otras cosas se promueve el reconocimiento del placer sexual como un componente esencial para la salud y el bienestar.

Como ya os prometimos hace unos meses, continuamos con nuestros artículos sobre este tema tan interesante, con un enfoque menos biologicista , que aborde cuestiones como el placer, los afectos, la igualdad de género y el respeto a la diversidad sexual.


En esta ocasión hablaremos de un gran desconocido : EL CLÍTORIS, un órgano cuya función es exclusivamente proporcionar placer a la mujer.

Si la sexualidad en general siempre ha sido un tema tabú en la mayoría de las culturas, no digamos ya la sexualidad femenina, reducida a aspectos reproductivos y de satisfacción masculina, fruto de la visión androcéntrica dominante.

De manera  que se produce la increible paradoja de que mientras que el cuerpo femenino siempre ha sido considerado un símbolo e icono de la sexualidad, representado miles de veces en el arte, la publicidad etc... el clítoris ha permanecido invisible para el hombre e incluso para las propias mujeres.

Todavía hoy, sigue siendo ignorado, despreciado e incluso mutilado tanto física como mentalmente.

Como muestra, basta ver, que mientras que para el pene y la vagina existen numerosos sobrenombres en las distintas lenguas, para el clítoris, prácticamente no existe ninguno y ni siquiera hay expresiones que lo mencionen.

Como dice Sophia Wallace, artista visual, en su proyecto Cliteracy: "El clítoris no es un botón, es un iceberg". Así es que, vamos a conocerlo...


Un poco de Historia...


La palabra Clítoris proviene del griego "Kleitoris", que significa "pequeño monte".

Se piensa que ya en el siglo II d.C. fue identificado por el médico Rufo de Éfeso.

Mucho después, en 1559, el cirujano Mateo Realdo Colombo de la Universidad de Padua lo menciona en su libro De re anatómica, cayendo después en el olvido.

Es en 1844 cuando el anatomista alemán George Covel lo redescubre y publica una descripción detallada de éste en el famoso manual Anatomía de Gray.


Sin embargo, las concepciones y prejuicios de la época hacen que se considere al clítoris y a la masturbación femenina como causa de desviaciones y enfermedades, recomendándose en muchos casos la extirpación de éste hasta principios del siglo XX.

Curiosamente en la edición de 1948, desaparecen los datos sobre el clítoris del manual antes mencionado.

Ya en 1960, las investigaciones de Masters y Johnson, destacan su importante función en la sexualidad femenina, pero ha seguido siendo un tema poco estudiado y tabú en muchas culturas.


Estructura y funcionamiento


La parte visible del clítoris, el glande y el capuchón o prepucio, es muy pequeña con respecto al resto de su estructura, que en total suele medir alrededor de 10 cm cuando se encuentra en reposo, aumentando su tamaño durante la erección, al igual que el pene.

Ciertamente es muy similar a éste, y no se diferencian hasta la semana 12 de la gestación, pero en este caso su función es únicamente la de dar placer a la mujer, mientras que el pene tiene además la función reproductora y urinaria.


El glande está unido al cuerpo del clítoris,donde se encuentran los cuerpos cavernosos que se bifurcan en dos.

Rodeando la vagina se encuentran los bulbos vestibulares. Cuando estos se llenan de sangre en la erección, presionan la vulva hacia afuera estrechando la vagina.

Sólo en el glande se encuentran 8.000 terminaciones nerviosas, el doble que en el masculino.

Es por tanto la zona más sensible del cuerpo humano.

Su tamaño, color,y sensibilidad varían en cada mujer, Además también cambia de tamaño con la edad y con los partos, pudiendo en la menopausia ser el doble que en la adolescencia.

Muchas mujeres tienen orgasmos más intensos en la madurez, aunque no existen estudios que relacionen el tamaño con el placer sexual.


Orgasmo vaginal versus orgasmo clitoriano


Hasta hace poco se consideraba que existían dos tipos de orgasmo femenino: el provocado por la estimulación del clítoris y el vaginal.

Ya Freud consideraba al primero como orgasmo "infantil", siendo el segundo el verdaderamente "adulto".

De esta forma se suponía que las mujeres podían llegar al orgasmo sin la estimulación del clítoris, reduciendo el acto sexual sólo al coito.

Es sabido que muchas mujeres fingen los orgasmos, adoptando un papel subordinado totalmente al placer masculino. Incluso, aunque parezca increible, hay mujeres que no han tenido un orgasmo en su vida, ya sea por tabúes culturales o por desconocimiento.

Algunos estudios reflejan que tan sólo un 30% de las mujeres refieren tener orgasmos vaginales con la penetración.

La vagina tiene pocas terminaciones nerviosas, precisamente para facilitar los partos, por lo que todo indica que en lugar de esta, lo que se está estimulando es el clítoris interno.

Es decir, en todos los orgasmos está implicado directa o indirectamente el clítoris.

Esto quedó demostrado en el año 2009 cuando se consiguió visualizar toda la estructura de un clítoris erecto mediante una ecografía en tres dimensiones.

Ablación y clitoridectomía


Aunque más adelante dedicaremos un artículo al tema de la mutilación genital, no podemos hablar del clítoris sin hacer mención a esta práctica que provoca graves enfermedades e incluso la muerte así como incapacidad para disfrutar del placer sexual.

La OMS estima que afecta a unos 140 millones de niñas y mujeres en el mundo, y que anualmente 3 millones corren el riesgo de sufrirla.

Las dos formas que persisten en la actualidad son la ablación o "sunna" y la infibulación o "circuncisión faraónica". En esta última no sólo se elimina el clítoris sino también se eliminan otras estructuras y se cosen los labios dejando un pequeño orificio para orinar.

No obstante, este tipo de prácticas también se realiza de forma similar en Occidente, y no me refiero a los casos aislados de inmigrantes, sino a nuestra propia comunidad médica.

Lo que sucede es que en lugar de ablación lo llamamos clitoridectomía, que es más aceptable socialmente.

Esta técnica consiste en la extirpación del clítoris a las niñas que nacen con el clítoris hipertrofiado (personas intersexuadas) para que no se confunda con un pene. Esto provoca dolor e incapacidad de disfrutar del placer sexual y sobre todo niega a la persona el derecho a decidir sobre su identidad de género.


Educación sexual integradora desde Atención Primaria


Es necesaria una educación sexual integradora, en la que se hable de sexo con naturalidad, más alla de la reproducción, la anticoncepción o las enfermedades de transmisión sexual.

Desde la escuela,la casa, los centros de salud, dignifiquemos la sexualidad de las mujeres, rompamos las rígidas normas de género que nos han impedido durante años disfrutar de una sexualidad plena.

Mientras nuestro placer no cuente, jamás alcanzaremos la igualdad.

Para terminar, os dejamos con dos vídeos, el primero es una canción muy divertida  y el segundo es un interesante documental por si queréis ampliar información.





Y un consejo de tu enfermera: 

¡Apaga el televisor y enciende el clítoris!




miércoles, 2 de septiembre de 2015

Climaterio: ¿Clima...qué?


Por Elena Monteagudo

La palabra climaterio, de origen griego y que traducida al español significa “escalón”, es el término que utilizamos para referirnos al período de la vida de la mujer que abarca desde la premenopáusia hasta la postmenopáusia, ambas incluidas. Se trata de un proceso natural, a través del cual pasamos de la edad fértil a la no fértil y en el que vamos a presenciar una serie de cambios tanto físicos como psicológicos que pueden influirnos en la vida cotidiana. La enfermera de Familia y Comunitaria es un elemento clave en el apoyo y acompañamiento de la mujer en este importante e intenso periodo vital. El siguiente artículo intenta ofrecer un breve repaso de este proceso y una visión general del mismo. ¡Esperamos que os guste!


Poniendo un poco de orden


Para poder entender un poco mejor como pasamos de un escalón a otro y los cambios que se producen en nuestro organismo, debemos conocer primeramente nuestra anatomía y el funcionamiento básico de  nuestros órganos sexuales.

De manera cíclica nuestro aparato reproductor sufre una serie de cambios a nivel de los ovarios y de la pared del útero que se conoce con el nombre de ciclo sexual o menstrual. Éste comprende desde el primer día de regla hasta el primer día de regla del ciclo siguiente. Y en él quedan englobados tanto el ciclo ovárico como el endometrial (el endometrio es la pared que tapiza internamente al útero). Su duración aproximada es de 28 días, pero las variaciones son frecuentes y absolutamente normales, estableciéndose como límites ciclos de duración de entre 21 y 35 días.

En el ciclo ovárico, se produce la activación y maduración de unas estructuras denominadas folículos. Cuando nacemos nuestros ovarios cuentan con en torno a 1 millón de folículos, que durante la pubertad se reducen a 400.000, de los cuales sólo 400 serán ovulatorios. De todos los folículos que se activan e inician la maduración en cada ciclo tan sólo uno la finalizará y será liberado a las trompas de Falopio en el proceso denominado ovulación. Todos estos cambios están regulados por dos hormonas: estrógeno y progesterona.


En el ciclo endometrial, que se produce de manera simultánea al anterior, las paredes de nuestro útero van sufriendo una serie de cambios por la acción de esas dos hormonas. Se produce el crecimiento en grosor de las mismas para a final del ciclo producirse su descamación, dando lugar al sangrado o menstruación, conocido comúnmente como regla.


Paso a paso


En la siguiente gráfica quedan representadas las diferentes fases que engloba el climaterio, el cual se inicia en torno a los 40 años. A partir de esta edad, los folículos comienzan a disminuir su respuesta a las hormonas, por lo que se produce una irregularidad en los ciclos menstruales; de modo que en los primeros meses los ciclos serán más cortos en torno a 25 días y después serán anárquicos (habrá meses que tengamos la regla, otros que no y que pueda haber variabilidad en la cantidad del sangrado). Sólo hablaremos de menopausia cuando hayan pasado 12 meses consecutivos sin la menstruación. Este hecho suele darse en torno a los 50 años.


Hablaremos de menopausia precoz si se produce antes de los 40 años. Hace unos años a estas mujeres se les administraba tratamiento hormonal sustitutivo hasta los 50, pero esto queda bastante en entredicho en la actualidad existiendo reticencias y controversias al respecto, de modo que sólo se utiliza cuando hay síntomas muy intensos o factores de riesgo muy claros para desarrollar osteoporosis u enfermedades cardiovasculares. En cambio si se produce después de los 55 hablamos de menopausia tardía.


¿Qué cambios voy a experimentar?


Como consecuencia de estas alteraciones hormonales nuestro organismo va a sufrir una serie de cambios, que no sólo se van a manifestar a nivel físico sino también a nivel psicológico. Veamos primero lo que ocurre a nivel físico:

- A corto plazo: es muy frecuente la aparición de sofocos. Estos se definen como  oleadas de calor repentino que se inician en la cara y el cuello y descienden hasta el pecho. Se suelen acompañar de enrojecimiento de la piel y sudoración intensa. Su duración es de alrededor de 5 minutos y son más frecuentes por la noche y van disminuyendo con el paso del tiempo. Para sobrellevarlos no existe ninguna panacea, sino más bien seguir las recomendaciones de las abuelas; hacer del abanico nuestro mejor aliado, utilizar ropa ligera y de algodón para dormir, intentado que la temperatura ambiental sea la adecuada. Las cenas mejor ligeras y tomar alimentos ricos en vitamina E, (claro está sin pasarse), almendras, avellanas, pistachos, espinacas, pimientos, kiwis…

En ocasiones aparece insomnio, irritabilidad, fatiga, ansiedad o nerviosismo. Todos ellos pueden tener relación con los sofocos; al ser de prevalencia nocturna dificultan el sueño, lo que genera irritabilidad, nerviosismo…y todo ello puede interferir en las relaciones con nuestro entorno.

- A medio plazo: como consecuencia de la disminución de los estrógenos se produce la atrofia de todos los tejidos que dependen de esta hormona. Esto se manifiesta mediante sequedad vaginal, lo que puede dificultar las relaciones. Pero este hecho puede solucionarse fácilmente con la utilización de lubricantes.

Por otro lado, se produce la disminución del tono del aparato urinario, que sumado a la debilidad de la musculatura del suelo pélvico en las mujeres multíparas puede favorecer la aparición de incontinencia urinaria. Por lo que es importante la realización de ejercicios que nos ayuden al fortalecimiento de esta zona, como son los ejercicios de Kegel o Pilates; cuanto antes nos pongamos con ello mejor. En el caso de que aparezcan, podéis consultarlo con vuestra enfermera de atención primaria para buscar soluciones, que las hay.

Como resultado de la pérdida de elasticidad y de  turgencia se producen cambios en la piel, con la aparición de las odiadas arrugas.

Además, la composición de nuestro organismo va a variar, produciéndose una pérdida de masa muscular  y un aumento de la masa grasa, con distribución abdominal. Lo que incrementa la necesidad de cuidar nuestra dieta y realizar ejercicio físico para que no acusemos esos cambios.


- A largo plazo: pueden aparecer alteraciones cardiovasculares u osteoporosis. Debido a la importancia de estos dos problemas, más adelante les vamos a prestar la atención que se merecen, pues con prevención, trabajando ya desde edades tempranas podemos evitarlos.

Desde el punto de vista psicológico, la menopausia hace patente el final de la vida fértil y por lo tanto anteriormente estaba asociada con el inicio de la vejez o la pérdida de feminidad. Sin embargo, en la actualidad consideramos este proceso como natural y siendo conscientes de que esta transición implica un período de adaptación, podemos decir que es una vivencia personal. Cada mujer lo va  a vivir de forma diferente. Por lo que los síntomas psicológicos varían de unas a otras, siendo más acusados en aquellas que ya los presentaban antes. Hoy en día una mujer a sus 50 años se encuentra en la mitad de su vida, siendo en la mayoría de los casos totalmente activas. Además, la mayor independencia de sus hijos les permite estar más liberadas y con mayor tiempo para ellas. Por lo que no hay excusas para cuidarse y mimarse un poco más.

Aunque si debemos tener en cuenta que todos esos cambios físicos pueden influir a nivel psicológico, ya que se relacionan con un distanciamiento de los cánones de belleza establecidos en la sociedad, lo que en muchas ocasiones nos generan presión y sentimientos de rechazo o insatisfacción con  nuestro cuerpo, viéndose afectado el autoestima.

Si bien la irritabilidad es otro síntoma que puede aparecer y tener repercusión en las relaciones sociales, no debe utilizarse como aspecto despectivo y deberemos evitar utilizar expresiones como: “Estás menopáusica”

Si la presencia de alguno de estos signos y síntomas le causa molestias, disconfort, etc. o tiene cualquier pregunta, no dude en consultar a su enfermera de Atención Primaria, quién le dará consejos y recomendaciones y puede realizarle un seguimiento acompañándola a lo largo del climaterio.


Osteoporosis


A lo largo de los primeros 30-35 años de vida se va produciendo un incremento de la masa ósea; posteriormente ésta comienza a decrecer, haciéndose el descenso más acusado a partir de la menopausia. Esto conlleva que nuestros huesos sean más frágiles aumentando el riesgo de fracturas, siendo las más comunes las vertebrales y las de muñeca. Por ello es importantísimo asegurarnos de que llegamos a los 35 años con la mayor masa ósea posible. Para conseguirlo tan sólo debemos cumplir dos máximas:

“Llevar una dieta equilibrada y realizar ejercicio físico”

Por todo ello es fundamental un correcto aporte de calcio no sólo durante la infancia y la adolescencia, sino durante toda la vida. De hecho las necesidades de calcio aumentan a partir de la menopausia para suplir el aumento de la desmineralización ósea.


Problemas cardiovasculares


Tras la menopausia, debido también a los cambios hormonales, se produce un aumento de las cifras de colesterol “malo” y un descenso del “bueno”. A esto se le suman los cambios que el propio envejecimiento lleva asociados, entre ellos el endurecimiento de las paredes vasculares, conocido como arteriosclerosis. Todo ello acompañado de una mala alimentación, el sedentarismo o el tabaco aumentan considerablemente las posibilidades de sufrir accidentes cardiovasculares. De hecho, la principal causa de mortalidad en las mujeres son las enfermedades cardiovasculares.


¿Dieta en la menopausia?


No es necesario llevar a cabo ninguna dieta especial, vasta tan solo con aplicar el más común de los sentidos, ese que a veces obviamos de manera consciente y deliberada. Tan sólo debemos tener en cuenta los siguientes puntos, que son los mismos que deberíamos seguir todos:


  • A medida que envejecemos las necesidades calóricas disminuyen un 5% cada 10 años. Por lo tanto tendremos que moderar las cantidades, pues no vamos a necesitar tantas calorías.
  • La dieta debe ser variada y equilibrada, nada nuevo, es lo que todos deberíamos hacer. Seguir la dieta mediterránea.
  • Con respecto a los azúcares, deberemos evitar aquellos que se consideran de absorción rápida,  como son los dulces, bollería, refrescos, chucherías, etc.
  • Las grasas, mejor vegetales. El aceite de oliva debe ser el principal aporte.
  • En cuanto a las proteínas, lo ideal sería establecer un equilibrio del 50% entre las de origen vegetal (legumbres, soja, frutos secos y hortalizas) y las de origen animal.
  • Evitar las dietas con exceso de proteínas, como la famosa dieta Dukan, ya que la absorción del calcio a nivel intestinal se ve reducida.
  • Los lácteos son fundamentales para conseguir el aporte de calcio necesario, siendo los desnatados los más recomendables. Además de los lácteos, los frutos secos (con moderación porque aunque no tienen colesterol si tienen grasa), el pescado azul (sardinas, salmón…), el sésamo, la avena, las legumbres y las algas o vegetales (brócoli, las espinacas o el repollo) son fuentes importantes de calcio.
  • Consumo moderado de alcohol. La recomendación para las mujeres es un vasito de vino al día.
  • No abusar del café o del té, ya que favorecen la eliminación del calcio a través de la orina.
  • Consumo moderado de sal. La Organización Mundial de la Salud recomienda una ingesta inferior a 5 gramos de sal al día, siempre y cuando no haya hipertensión u problemas renales. Recordad, pues es importante, que hay alimentos muy ricos en sal como son los embutidos, los caldos ya preparados, las conservas o los quesos curados y que muchos alimentos llevan sal añadida, por lo tanto es muy importante leer el etiquetado de los productos.


A calzarse las zapatillas


Además de todo lo dicho respecto a la alimentación, es fundamental que hagamos ejercicio de acuerdo a nuestras posibilidades y gustos. Deberemos buscar aquella actividad que nos permita desconectar y relajarnos, pues es algo fundamental para darle continuidad y que los beneficios sean visibles.

Para las mujeres con osteoporosis y para su prevención, las mejores actividades son aquellas que llamamos de impacto, como son el caminar o el baile, ya que con ellas se va a movilizar una mayor cantidad de calcio, favoreciendo su adhesión al hueso. Además, se ha visto que si realizamos ejercicio físico de forma regular estaremos contribuyendo a la disminución de presentar cáncer de mama en un 50%, de colon en un 60%, Alzheimer en un 40%, el riesgo de desarrollar diabetes tipo II disminuye en un 58% y se reduce la incidencia de hipertensión y enfermedades cardiacas en hasta un 40%.

Otro de los factores fundamentales para evitar la osteoporosis es el de un aporte adecuado de vitamina D. Para ello la exposición solar es muy importante y me explico, ya que respecto a este tema hay muchos falsos mitos:
  • La exposición solar necesaria es de aproximadamente 10-15 minutos, es decir, la que podemos recibir simplemente mientras vamos paseando.
  • La aplicación de protección solar reduce considerablemente la activación de la vitamina D. Pero como hemos dicho, con unos minutillos diarios de sol, es más que suficiente, por lo tanto no hay excusa para utilizar los protectores solares.
  • Por lo tanto, las radiaciones que recibimos durante nuestra actividad al aire libre, en los brazos, cabeza, etc son suficientes, dado que nuestro país es soleado. Sin embargo, no todas las personas tenemos la misma capacidad de producción , por ejemplo las personas con la piel más oscura o los ancianos la sintetizan en menor cantidad.
  • Otra fuente de vitamina D son los alimentos, aunque no es una vitamina muy abundante entre ellos, la podemos encontrar en los pescados azules el queso u los champiñones. Además muchos alimentos se enriquecen en vitamina D, como por ejemplo los cereales.



Fitoterapia y menopausia


Debido a la disminución considerable de la utilización de la terapia hormonal sustitutiva, la fitoterapia ha ido ganando terreno. Sin embargo, no existen muchos estudios clarificadores respecto a sus beneficios u efectos.

El grupo más estudiado es el de los fitoestrógenos, que son compuestos vegetales que tienen una acción similar a la de los estrógenos naturales, pero más débil.  Dentro de estos, el grupo más conocido es el de las Isoflavonas (Genisteína, Daidzeína o la Gliciteína). Los encontramos principalmente en los granos y harina de soja, en el tofu o en las legumbres. Existen estudios que resaltan los efectos beneficiosos de las Isoflavonas sobre el perfil lipídico y sobre los sofocos. Otros han concluido que dosis elevadas de Genisteína pueden reducir los sofocos. Sin embargo, últimamente se  han publicado otros que no han dado resultados positivos en la utilización de la soja.

Otras hierbas que también están siendo objeto de estudio actualmente son el Black Cohosh, el extracto de lúpulo, la palmera de cáñamo o la salvia. En un estudio se concluyó que la combinación de Isoflavonas con Black Cohosh, la palmera de cáñamo, valeriana y vitamina E mejoraban los síntomas postmenopáusicos. También existen estudios que recogen los beneficios del Ginkgo biloba en la disminución de la severidad de los sofocos.

La salvia es otra planta que está ganando terreno en la actualidad consumida a modo de infusión para la disminución de los sofocos.

Por tanto como pueden ver, existe mucha controversia respecto al tema y variabilidad de efectos de unas mujeres a otras. Nuestra recomendación es que antes de introducir cualquiera de estos productos en nuestra dieta  lo consultéis con vuestro médico, ya que muchos de ellos pueden interaccionar con otros fármacos que puedan estar consumiendo.

No querría terminar este artículo sin hacer una pequeña reseña a la importancia de la autoexploración mamaria y del seguimiento y detección precoz a través de mamografías y citologías. La autoexploración mamaria debe realizarse todos los meses desde edades tempranas. Cuando tenemos la regla es recomendable realizarla 5-7 días después de la finalización de la menstruación. ¿Pero qué pasa cuando ya no la tenemos? Lo ideal es coger una fecha significativa para nosotras, por ejemplo nuestro cumpleaños o el de alguien importante y realizarla ese día todos los meses, de forma que no se nos olvide.

En la Comunidad de Madrid las  mamografías se realizan con una periodicidad de dos años, desde los 50 hasta los 69 años; y las citologías de acuerdo a los expertos, sería recomendable realizarlas entre tres y cuatro años después de la primera relación sexual. A partir de los 36 años se recomienda una periodicidad trianual.


¡Y recuerda que tu enfermera de Atención Primaria te acompaña en esta y todas las etapas de la vida!