miércoles, 19 de noviembre de 2014

Síndrome metabólico: cuidados con una visión de conjunto


Por Ángel Palacios Álvarez

Muy frecuentemente se intentan tratar las diferentes patologías de una persona por separado, sin comprender que en muchas ocasiones existe una relación estrecha y compleja entre ellas, y que deben abordarse desde una perspectiva de conjunto. Este es el caso del síndrome metabólico. 

Cuando un paciente acude a la consulta con un problema de obesidad, resistencia a la insulina, colesterol alto o hipertensión, entre otros, la enfermera debe poner el énfasis en el abordaje global de su situación, incidiendo en el origen del problema que suele pasar por una revisión de los estilos de vida del paciente. Esta semana queremos dedicar este espacio a ofrecer una rápida revisión del síndrome metabólico. Esperamos que os resulte interesante. 

El síndrome metabólico


El síndrome metabólico se puede definir como un conjunto de patologías o factores de riesgo que aumentan las posibilidades de que una persona padezca diabetes mellitus tipo 2, infarto cerebral o enfermedad cardiovascular. Aunque su principal denominación es síndrome metabólico, también se conoce por otros nombres como Síndrome X, Síndrome de resistencia a la insulina o Síndrome de Reaven.

Es éste un síndrome controvertido, y no hay un consenso científico ni sobre sus causas concretas ni sobre su definición, existiendo diferentes clasificaciones del mismo. Aun así, existe unanimidad en relacionar la mayoría de los factores de riesgo que lo conforman con la obesidad y la resistencia a la insulina. 

El síndrome metabólico tiene una gran prevalencia en nuestro país, aunque en un gran número de casos no está diagnosticado como tal. Esta prevalencia aumenta considerablemente con la edad, ya que con los años se incrementa el número de afecciones que conforman el síndrome a la vez que se agravan otras que ya se padecían debido al envejecimiento natural de los sistemas corporales. El número de casos crece significativamente entre los 45 y 65 años.

Factores de riesgo para padecer el síndrome metabólico


Existen múltiples factores de riesgo y patologías que conducen a padecer el síndrome metabólico, dos principales, que son la obesidad central y la resistencia a la insulina, y varios secundarios, como son la hipertensión arterial, las dislipemias, higado graso, el sedentarismo, la edad, y propensión genética a padecer este síndrome. Definimos aquí los principales:

  • La obesidad central: la obesidad abdominal o central es aquella en que los principales depósitos de grasa corporal se localizan en la franja abdominal del cuerpo. Es la obesidad que suelen padecer los hombres y se denomina también "en forma de manzana". Es el tipo de obesidad que incrementa en mayor medida el riesgo cardiovascular, a la vez que está relacionada con la acumulación de grasa en órganos vitales, como el hígado. Se diagnostica de obesidad central cuando el ratio cadera/cintura es mayor que 1 en hombres o que 0.9 en mujeres.

  • La resistencia a la insulina: la hiperinsulinemia es una deficiencia metabólica posiblemente determinada por la genética de la persona e influida intensamente por factores ambientales, como la nutrición o el sedentarismo, que produce un estado fisiológico en que el cuerpo no puede utilizar la insulina de una manera eficiente a pesar de ser capaz de producirla en alguna medida. En una persona con un metabolismo normal, las células poseen unos receptores donde se une la insulina, lo que permite el paso de la glucosa de la sangre al interior de la célula. Pero en las personas con resistencia a la insulina la hormona no es capaz de unirse a dichos receptores por lo que se mantienen niveles altos de glucemia a la vez que el páncreas continua secretando insulina inefectiva, hasta agotar las reservas pancreáticas, lo que conduce a la diabetes mellitus tipo 2. Esta patología también puede ser causante de hipertensión, dislipidemias, hígado graso, hiperuricemia, y ovarios poliquísticos, y está presente en un 30% de la población mundial.


En mi opinión, la dificultad que encuentran los teóricos en la unificación de criterios sobre esta enfermedad radica en el hecho de que todas las patologías que intervienen están tan interrelacionadas entre sí que no es fácil describir cual es causa de cual, pudiendo, por ejemplo, ser la hiperinsulinemia la causante de la obesidad o viceversa. Lo importante es entender que, independientemente de que factor de riesgo es el más influyente en el síndrome metabólico, existen elementos en nuestro estilo de vida que si son modificados alteran positivamente los efectos de estas patologías en conjunto.

Consecuencias de padecer el síndrome metabólico


Tras una larga evolución de las enfermedades y los factores de riesgo citados antes, las personas con síndrome metabólico tienen un alto riesgo de padecer diabetes mellitus tipo 2 o enfermedad cardiovascular. Además de sufrir estas importantes enfermedades crónicas, los pacientes son susceptibles de padecer otras patologías como insuficiencia renal, problemas vasculares en los miembros inferiores o infarto cerebral. A lo largo de la enfermedad, estos pacientes suelen ser diagnosticados de más de una estas patologías. También se relacionan con este síndrome algunos problemas que aparecen con bastante frecuencia, como son problemas de coagulación de la sangre, aumento de factores de inflamación o microalbuminuria.

Diagnóstico del síndrome metabólico


Como hemos comentado antes, al ser éste un cuadro complejo en que se unen múltiples factores de riesgo que lo provocan, existen diversos criterios científicos para su clasificación.


De cualquier modo, parece existir un consenso diagnóstico más aceptado por el que se puede decir que una persona tiene síndrome metabólico si tiene 3 o más de los siguientes signos:

  • Presión arterial igual o superior a 130/85 mmHg
  • Glucemia basal (glucosa en sangre en ayunas) igual o superior a 100 mg/dL
  • Perímetro de la cintura: 
    • para los hombres: 100 cm (40 pulgadas) o más
    • para las mujeres: 90 cm (35 pulgadas) o más
  • Colesterol HDL bajo: 
    • para los hombres: 40 mg/dL o menos
    • para las mujeres: 50 mg/dL o menos
  • Triglicéridos igual o superior a 150 mg/dL

Abordaje del síndrome metabólico desde enfermería


Pero tenemos una buena noticia. A pesar de que pueden existir factores genéticos que predispongan al padecimiento de este síndrome, gran parte del tratamiento del síndrome metabólico se puede basar principalmente en la modificación de los estilos de vida del paciente. Así, aunque se podrían abordar cada una de las patologías y factores de riesgo que conforman el síndrome de manera individual, la relación intrínseca que existe entre ellas nos permite tratarlas todas a la vez.


Su enfermera de atención primaria le informará sobre esta enfermedad, y le ayudará a evaluar sus hábitos de vida y mejorarlos para poder bajar de peso, mejorar los niveles de colesterol en sangre, disminuir su tensión arterial, evitar el sedentarismo, fomentar el ejercicio físico y controlar los niveles de glucosa en sangre, entre otras. Las recomendaciones de su enfermera podrían ser las siguientes:
  • Modifique su dieta
  • Pierda peso
  • Evite el sedentarismo
  • Realice ejercicio físico moderado de manera habitual
  • Mejore sus niveles de colesterol en sangre y sus niveles de tensión arterial
  • Deje de fumar

En definitiva, estas recomendaciones buscan cambiar, de una manera coherente y definitiva, el estilo de vida nutricional del paciente para así disminuir el riesgo cardiovascular y evitar la diabetes. Modificar la dieta, disminuyendo la ingesta de grasas saturadas o de origen animal junto con los azúcares, y aumentar el consumo de frutas y verduras, evitará el sobrepeso y la obesidad, a la vez que minimizará la hiperinsulinemia.  La realización de ejercicio físico tendrá también como objetivo que el paciente baje de peso y reduzca su índice de masa corporal, y evite el sedentarismo, uno de los principales factores de deterioro de la salud en nuestros días. Seguir estos consejos evitará a su vez la necesidad de tomar fármacos para el tratamiento de las distintas patologías, aunque en muchos casos su uso será necesario. 

Por último, recuerde que su enfermera de atención primaria le informará adecuadamente sobre su situación y sus necesidades particulares.

¡¡¡ Llevar un estilo de vida saludable te ayudará a evitar muchas enfermedades!!!


miércoles, 12 de noviembre de 2014

Caídas: prevenir para evitar curar




Por Esther López Muñoz

Definiendo la caída


Según la Organización Mundial de la Salud, caída es la consecuencia de cualquier acontecimiento que precipita al paciente al suelo en contra de su voluntad. Es el desplazamiento del cuerpo en forma inadvertida y súbita hacia un plano inferior con relación a la presencia de uno o varios factores, con o sin pérdida del estado de conciencia o lesión.

En una revisión sobre caídas de la OMS (2007) se recogen las frecuencias de caídas de diferentes estudios y se observa que en mayores de 64 años los porcentajes de caídas/año son alrededor del 28-35%, en mayores de 70 este valor se incrementa a 32-42% y en personas frágiles y en centros de larga estancia estos valores alcanzan cifras del 30-50%, siendo hasta del 40% las personas que sufren más de una caída.

El número de lesiones asociadas a las caídas también aumenta en relación al género y edad según podemos ver en el siguiente estudio canadiense:

Porcentaje de daño post caída.

¿Cuándo se producen la mayoría de las caídas?


La mayoría de las caídas ocurren durante el día. Solamente un 20 % de ellas ocurre durante la noche. Aproximadamente el 10-20% de caídas tiene como consecuencia las fracturas (WHO, 2002). La mayoría de éstas ocurren en el hogar (85%) y solamente el 25% ocurren por incidentes del entorno (Campbell, A.J., et al., 1997). La mayoría de las caídas ocurren durante actividades leves o moderadas, tales como un ejercicio físico incorrecto, la presencia de animales domésticos, calzado inadecuado, soledad. 

Y también debido a la vestimenta larga, ingestión de bebidas alcohólicas, no utilizar aditamentos necesarios (bastón, andadera, lentes). Su mayor parte ocurre en el domicilio, debido a las condiciones del piso, mala iluminación, escalera, desorden, baño; y por peligros específicos, como cordones sin atar, alfombras, mascotas. Otros factores que constituyen riesgo son: entre otros, los trastornos de la visión, del sistema vestibular, así como el déficit en la perfusión cerebral, cambios estructurales en el Sistema Nervioso Central, los peligros del Medio Ambiente y otras enfermedades asociadas. También afecta la toma de medicamentos, aquí se contempla la polifarmacia, los diuréticos, antihipertensivos, hipnóticos y sedantes.

¿Qué consecuencias conlleva la caída?


Las podemos clasificar como:

Inmediatas
  • Fracturas (1-6 %)
  • Lesiones que requieren cuidados médicos (5-25 %)
  • Hospitalización (1 de c/40)
  • Mortalidad (2/3 de los accidentes)
  • Permanencia prolongada en el suelo

Mediatas: Síndrome post caída:
  • Trauma psicológico.
  • Limitación de movilidad.
  • Dependencia en las actividades de la vida diaria (AVD).
  • Sobreprotección familiar.


¿Qué se puede hacer para evitar el riesgo de caídas?


  • Ayudar a construir un ambiente más seguro. Retiraremos los obstáculos del camino en su domicilio como mesas, sillas, alfombras, liberando de obstáculos los lugares de movimiento habituales. Así mismo, mantendremos una iluminación potente con el fin de evitar la oscuridad y aumentar el riesgo de caídas.
  • Disponer de dispositivos de adaptación (barandillas) para aumentar la seguridad del ambiente, tanto en pasillos, como en escaleras, habitaciones y baños.
  • Eliminar los factores de peligro del ambiente, cuando sea posible. Evitaremos escaleras y fomentaremos el uso del ascensor, si lo hubiera, y de rampas. 
  • Usar calzado cerrado, cómodo y con suela antideslizante para desplazarse.
  • Mantener la hidratación, puesto que es una de las causas que producen pérdida de estabilidad.

El papel del personal sanitario


El personal sanitario debe valorar el riesgo de caídas que pueda tener cada uno de los pacientes. Cuando un paciente llega a consulta, además de cubrir la necesidad por la que acude intentamos obtener información de las necesidades básicas de su vida diaria, interesa saber cómo se alimenta, se hidrata, cómo descansa por las noches, si toma mucha medicación, si pasea, etc. Para completar esta valoración, se puede aplicar la escala de riesgo de caídas de Downton:


CAÍDAS PREVIAS
NO    0
SÍ       1

DÉFICITS SENSORIALES
Ninguno 0
Alteraciones visuales 1
Alteraciones auditivas 1
Extremidades  1



MEDICAMENTOS
Ninguno  0
Tranquilizantes  1
Diuréticos  1
Hipotensores  1
Antiparkinsonianos  1
Antidepresivos  1
Otros medicamentos  1



DEAMBULACIÓN

Normal 0
Segura con ayuda 1
Insegura con ayuda 1
Imposible 1

ESTADO MENTAL

Orientado  0
Confuso  1

TOTAL


Riesgo Bajo: 0 a 2 puntos. Riesgo medio: 3 a 4 puntos. Riesgo Alto: 5 a 9 puntos.

Con la valoración de todos estos elementos la enfermera realizará una serie de consejos al paciente y a su familia sobre como acomodar el ambiente en el hogar y como modificar sus actividades diarias con el fin de minimizar el riesgo de caídas en su vida cotidiana.

Insistimos por todo esto en que la caída de la persona mayor se debe valorar como un incidente grave que nos indica la fragilidad del anciano y que puede tener importantes consecuencias  y limitar su vida a partir de ese momento, por lo que se le debe dar la importancia debida por parte de todos los que rodean a la persona.

La eliminación de obstáculos en el hogar como alfombras, el uso de calzado cerrado, la mejora en la iluminación, el uso de bastones o el buen control de los fármacos pueden mejorar y prolongar la vida de nuestros mayores de manera considerable simplemente evitando una caída. Por ello, hagamos todos un pequeño esfuerzo y así evitaremos un tropezón!

Os dejamos con este video que resume como prevenir las caídas:




miércoles, 5 de noviembre de 2014

ICTUS: Unos minutos son vitales



Por Fernando Sánchez Díaz

¿Qué es un ictus? 


Seguramente habrán oído a menudo a profesionales sanitarios o a otras personas referirse a los ictus con diferentes términos: accidentes cerebrovasculares, ACV, apoplejía, infarto cerebral……todas estas formas de decirlo definen un único concepto y, por tanto, significan prácticamente lo mismo: un trastorno del riego sanguíneo del cerebro que ocasiona una alteración transitoria o definitiva en su funcionamiento. Por eso, es fundamental actuar con rapidez.

Tipos de ictus 


El riego en el cerebro puede alterarse principalmente por dos razones; isquemia (falta de sangre) o hemorragia. Por ello se distinguen dos tipos de ictus:

-Isquémico: Falta de riego de las arterias que nutren el cerebro, generalmente debido a un taponamiento de las mismas por un trombo (coágulo de sangre que viaja por el cuerpo hasta el cerebro y al llegar a una arteria pequeña se queda encajado y la atasca, impidiendo que llegue la sangre a su destino). En este caso, el trombo puede acabar deshaciéndose al poco tiempo, denominándose esta situación Accidente Isquémico Transitorio (que normalmente no deja secuelas), o continuar obstruyendo el paso de sangre, por lo que las células de esa parte del cerebro que no reciben oxígeno se mueren, denominándose Infarto Cerebral, que sí tiene secuelas.


- Hemorrágico: Rotura de alguna de las arterias del cerebro, que genera una hemorragia cerebral.

Por eso, es fundamental actuar con rapidez. Cuanto antes se ponga el tratamiento adecuado para romper el coágulo o detener la hemorragia más posibilidades tendrá la persona de vivir y de no tener secuelas. Debemos evitar que las células estén sin oxígeno mucho tiempo y que se dañen o mueran.

¿Es muy frecuente? Incidencia y prevalencia


El ictus es una de las enfermedades neurológicas más comunes. La incidencia global en España (casos nuevos cada año) no se conoce con precisión, estimándose en 150-250 casos por 100.000 habitantes/año. Las tasas se multiplican por 10 en la población mayor de 75 años. La tasa cruda de mortalidad en España es de 95 por 100.000 habitantes/año, mayor en mujeres que en hombres. En los últimos años se ha conseguido un descenso gradual de la mortalidad por ictus gracias al desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas y preventivas.

Es bastante frecuente, por eso, es necesario prevenirlo y actuar rápido si se produce.

¿Qué consecuencias tiene?


El ictus es la primera causa de mortalidad en mujeres y la segunda de mortalidad específica en general.  En los pacientes que sobreviven, es frecuente que deje secuelas graves: hasta el 45% presentan hemiparesia como secuela, hasta un 15% afasia, el 20% no podrán caminar, el 30% sufre de depresión o deterioro cognitivo y entre el 20 y 55% precisaran de ayuda parcial o total.

Por eso, es muy importante actuar con rapidez si se produce.

 ¿Cómo detectarlo? ¿Qué debo hacer?


La aparición de los síntomas es brusca, y se puede manifiestar de diferentes maneras, en unas personas de una, en otras de otra, y en otras confluirán varios síntomas a la vez.

Los síntomas que constituyen sospecha de ictus son tres principalmente:

-Pérdida de fuerza o de sensibilidad o parálisis repentina en las extremidades de una parte del cuerpo. Esto se nota cuando no se puede mover un brazo o una pierna.

-Si tiene la boca torcida, con una de las comisuras caída, quedando una mueca extraña en la cara.

-Dificultad para hablar o entender. Dice palabras incoherentes e incomprensibles, como si hablara en un idioma extraño.

Otros síntomas que pueden indicar también la sospecha de ictus son:

-Cefalea intensa, repentina y sin causa aparente (puede estar asociada a náuseas y/o vómitos).

-Pérdida de visión brusca de uno o ambos ojos.

-Dificultad para caminar, pérdida de equilibrio o coordinación.

-Confusión repentina.

Todo indica que existe un problema que hay que solucionar lo antes posible.¡Puede ser un ictus, al 112 has de llamar!

Si detectamos en nosotros o en una persona de nuestro entorno o en alguien que nos encontremos por la calle un mínimo síntoma, por leve que sea, y aunque sea transitorio y se le pase, debemos comunicarlo llamando a los servicios de emergencia o llevando a la persona a un centro sanitario de forma urgente. El tratamiento precoz evita muchas posibles secuelas.

¿Se puede prevenir?  Factores de riesgo vascular modificables 


La hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, la obesidad, el sedentarismo, o el consumo de tabaco y alcohol  aumentan el riesgo de sufrir un ictus. Actuar sobre estos factores, que por suerte son modificables, puede prevenirlo. Esto se consigue mediante la  adquisición de estilos o hábitos de vida saludables:

-Una dieta mediterránea variada y equilibrada, pobre en grasas de origen animal, con el aceite de oliva como principal lípido, incrementando el consumo de hidratos de carbono complejos, pescado, frutas y vegetales y disminuyendo el consumo de sal. Incluyendo los ajustes o las recomendaciones concretas dentro de esta dieta, según su problema de salud.

-El ejercicio físico moderado diario.

-Evitar los tóxicos (alcohol en exceso y tabaco).

-Mantener un peso saludable.

-Tomar adecuadamente la medicación si fuese necesario para tener los valores de tensión arterial, azúcar en la sangre o colesterol controlados.

Especial relevancia tiene la obesidad, ya que es una verdadera epidemia en los países desarrollados. Se asocia a mayor riesgo de ictus debido a que genera con frecuencia hipertensión arterial, diabetes y cifras más elevadas de colesterol, por lo que los factores de riesgo están muy ligados y controlando la obesidad se pueden controlar estos otros (y con la ayuda de medicación si fuese necesario). 

Para evitar este riesgo, se recomienda mantener índices de masa corporal por debajo de 25. Para evitar la obesidad, y por tanto los otros factores de riesgo, se debe llevar una alimentación saludable y hacer ejercicio físico.

En la consulta de enfermería podemos ayudarle a mantener estos factores controlados, y trabajar con usted un plan individualizado para llevar una alimentación saludable y adecuada, perder peso y mantenerlo, hacer el ejercicio adecuado para usted u organizar y conocer la medicación que toma.

Conclusiones: Recuerde…..


El ictus es un problema grave que requiere una asistencia médica urgente. Causa una elevada mortalidad y en otros casos deja secuelas graves. Si sabes detectar los síntomas y actúas rápidamente, puedes evitar daños y consecuencias  irreversibles. El tiempo es clave, unos minutos son vitales.  Llama al 112.



Para más información, acuda a su centro de salud y pregunte a sus profesionales sanitarios de referencia.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Retinopatía diabética: échale un ojo a tu vista



Por Aurelia López González

Dentro de las múltiples complicaciones que provoca la diabetes se encuentra la retinopatía diabética, una afectación de la vista del paciente diabético que se ha convertido en una de las causas principales de ceguera en nuestro país. En las primeras fases de la enfermedad puede no notarse ninguna alteración, pero a la larga la retinopatía causará una importante perdida visual. Desde la consulta de enfermería de atención primaria queremos hacer una rápido repaso de este problema recordando los datos más relevantes de esta complicación.


¿Quién puede sufrir la retinopatía diabética?


Todas las personas con diabetes tanto del tipo I como II mal controlada corren riesgo, y su frecuencia aumenta con los años de evolución de la enfermedad, la edad del paciente y el control metabólico.

Después de 20 años de evolución de la enfermedad, prácticamente todos los pacientes con diabetes tipo I y más del 60% con diabetes tipo II presentan signos visibles de retinopatía en el fondo de ojo.

De ahí la precaución de realizar un examen ocular completo, con una revisión de la agudeza visual y una dilatación pupilar al menos una vez al año.


Fases de la retinopatía diabética


Fase de la microangiopatía

El paciente no nota pérdida de visión, ni el oftalmólogo verá nada anormal cuando explore el fondo de ojo, sin embargo ya se están produciendo alteraciones microscópicas en los vasos sanguíneos como consecuencia de los niveles elevados de glucosa en sangre. Esta etapa puede durar más de 10 años tras el inicio de la diabetes, de ahí la importancia de determinar el inicio de la enfermedad.


Retinopatía diabética simple o no proliferativa

En esta fase ya se ven alteraciones vasculares en el fondo de ojo, aunque el paciente puede seguir sin cambios en su visión, aparecen microaneurismas que se comportan como “goteras “en los vasos sanguíneos de la retina y exudados, llegando a producirse un edema macular (encharcamiento de la mácula). Según avanza la enfermedad algunos vasos que nutren a la retina se obstruyen haciendo deje de recibir sangre, se produce una hipoxia y crecen nuevos vasos para sustituirlos.

Retinopatía diabética proliferativa

Etapa caracterizada por la existencia de estos nuevos vasos, que son anormales, muy frágiles, sus paredes son delgadas, se rompen con facilidad y sangran provocando una pérdida importante de visión.


Síntomas de una hemorragia intraocular


La retinopatía diabética habitualmente, no ofrece ninguna señal de advertencia. A medida que el daño en la retina progresa pueden verse alteraciones en la visión como las imágenes desenfocadas, deformadas o con puntos negros. Las hemorragias suelen ocurrir más de una vez y por eso en ocasiones no terminan de desaparecer, otras se reabsorben y el paciente recupera visión.


Diagnóstico


El primer examen debe de ser la valoración de la agudeza visual y el fondo de ojo con dilatación pupilar para valorar la retina y el nervio óptico. Si el oftalmólogo cree que necesita tratamiento para el edema macular puede recomendar hacer una angiografía fluoresceínica, se inyecta un colorante especial en el brazo y se toman fotografías cuando el contraste está pasando por los vasos sanguíneos de la retina.

Tomografía de coherencia óptica

La OCT (tomografía de coherencia óptica) es prueba sencilla e indolora, es sensible para detectar un edema macular, observar su evolución y la respuesta al tratamiento. Es un instrumento que mediante una luz realiza un scanner de las distintas capas de la retina midiendo su grosor y detectando líquido u otras anomalías.


Tratamiento


El edema macular se trata con la aplicación local de láser, realizando un numero variable de impactos en la parte de la retina que “gotea” alrededor de la mácula. El paciente puede necesitar del láser más de una ocasión para controlar el edema. Este tratamiento tiene como objetivo estabilizar la visión, tan sólo en pocos casos se puede mejorar la que se ha perdido.

La retinopatía proliferativa también se trata con láser, este procedimiento se llama panfotocoagulación retiniana y ayuda a reducir los vasos anormales. Debido a que es necesario realizar muchos impactos se necesitan varias sesiones para completar el tratamiento. Aunque se puede notar alguna pérdida de visión periférica ayuda a conservar la visión. Este tratamiento funciona mejor antes de que los vasos formados empiecen a sangrar, aunque también se puedan aplicar en función de la cantidad de hemorragia existente.

Si la hemorragia es grande se puede necesitar un tratamiento quirúrgico llamado vitrectomía, en la que se quita esa sangre del interior ocular.

Actualmente se están buscando mejores maneras para detectar, tratar y prevenir la perdida de visión en pacientes con diabetes, las inyecciones intraoculares (factores antiangiogénicos) que están ayudando a controlar la retinopatía y sus consecuencias.


Prevención de la retinopatía


La principal medida para prevenir la retinopatía o para retrasar su evolución es el estricto control de la glucemia. Además es muy importante evitar otros factores que facilitan o agravan las lesiones vasculares como el consumo de tabaco, controlar la hipertensión arterial, vigilar los niveles de colesterol, realizar ejercicio físico de forma regular y seguir dieta adecuada. 

Así que, ¡controla tu glucemia y cuidarás tu vista!


miércoles, 22 de octubre de 2014

El sueño: Dormir para estar bien despiertos

“Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar”
(Antonio Machado)

Por Rosa Sánchez González

Introducción


El sueño ha sido un estado inexplorado por el hombre hasta hace unos 50 años. Es uno de los aspectos más misteriosos del funcionamiento del cerebro: cada noche entramos en un mundo extraño, en el que pasamos un tercio de nuestra vida, y del que conocemos muy poco, en qué consiste o porqué se producen los sueños.

Siempre se había pensado que el sueño era un estado de inactividad en el que el cerebro deja de funcionar… Sin embargo, en 1929 Hans Berger colocó unos electrodos en la cabeza de un sujeto y descubrió que el cerebro produce campos eléctricos que se pueden registrar en un aparato llamado “electroencefalógrafo” (EEG) y observó que ese campo eléctrico oscilaba, produciendo ondas (que según su frecuencia se denominan ondas alfa, beta, delta…), tanto en vigilia como durante el sueño, lo que contribuyó a explorar ese espacio de tiempo en el que aparentemente no pasa nada, así como para detectar patologías o desórdenes neurológicos.


Con sucesivas investigaciones de las ondas cerebrales se llegó a la conclusión de que durante el sueño el cerebro no descansa sino que al contrario está más activo.

Para comprender mejor este estado al que dedicamos un tercio de nuestra vida vamos a definirlo…

¿Qué es el sueño?


El Sueño es la fábrica de nuestro día. Se trata de un estado misterioso donde fabricamos lo que gastamos al día siguiente. Durante el sueño revitalizamos nuestro organismo para “vivir” durante el día. 

Cuando dormimos nuestro cuerpo descansa y nuestra mente se recupera; es una necesidad biológica que permite restablecer las funciones fisiológicas esenciales para un pleno rendimiento durante el día, además facilita la consolidación de los conceptos adquiridos (aprendizaje), ayudando a almacenar recuerdos, por lo tanto, es muy importante la relación entre sueño y memoria.

Mientras dormimos todos nuestros órganos vitales siguen funcionando, algunos incluso a un mayor ritmo: hay cambios en la tensión arterial, frecuencia cardiaca y respiratoria, temperatura corporal, secreción hormonal, etc.

En conclusión nuestra existencia es como un círculo en el que día y noche se relacionan sin cesar.


A este ciclo se le denomina “Ritmo Circadiano”, del latín “circa” (alrededor) y “dies” (día). Este ciclo se puede ver alterado por situaciones como el trabajo en turnos de noche, viajes (jet-lag), cambios de horario o alteración de costumbres, etc.


Pero… ¿qué pasa cuando dormimos?


Durante el sueño se pasa por cuatro etapas o fases, que van desde el sueño ligero hasta el más profundo, después del cual se alcanza un estado que se denomina REM (Rapid Eye Movement) o MOR (Movimientos de Ojos Rápidos), en español.


Fase 1:
Se produce la transición de la vigilia al sueño, la respiración disminuye y aparecen ondas alfa en el EEG, que generan pensamientos creativos. Es el momento en el que cerramos los ojos para dormir, un sueño ligero, la típica “cabezadita”, en la cual ante cualquier ruido no muy fuerte nos podemos despertar.

Fase 2:
El sueño y el descanso son más profundos, pero podemos ser despertados sin gran dificultad. En esta fase el cerebro reorganiza la información adquirida durante el día.

Fase 3:
Es el comienzo del sueño profundo, del que cuesta mucho despertar.

Fase 4:
El sueño es ya profundo, el cerebro procesa algunos estímulos y podemos movernos en la cama y no somos conscientes de ello.

REM o MOR:
Pasadas las fases anteriores, entramos en el sueño REM, que es una etapa con características diferentes del resto y es en la que soñamos. La fase se caracteriza por los movimientos rápidos de ojos, que le dan su nombre. Cuando se despierta una persona en esta fase, más del 80% recuerdan claramente el sueño que estaban teniendo. Lo cierto es que siempre soñamos aunque luego no lo recordemos, si nos despertamos en cualquiera de las otras fases. Como curiosidad, en el sueño REM se produce la regeneración de las células de la piel, por ello las cremas faciales nutritivas se aplican por la noche y las hidratantes por el día, para potenciar su efecto. 


Cómo indican las figuras, un ciclo completo de sueño dura una hora y media aproximadamente y se producen 4 o 5 ciclos de este tipo a lo largo de la noche. Asimismo es común que se produzcan “micro-despertares” que no tienen por qué afectar a la calidad del sueño. Su duración típica es de 30 segundos en niños, jóvenes y adultos y en la gente mayor de 2 a 5 minutos, por lo que les puede costar más volverse a dormir.

Entonces… ¿qué es soñar?: es una mezcla de recuerdos, informaciones y emociones que adquirimos durante el día y se entrelazan mientras dormimos. Soñar es un proceso mental involuntario en el que se produce una reelaboración de la información almacenada en la memoria, generalmente relacionada con experiencias vividas por el soñante el día anterior. Los recuerdos que se mantienen al despertar pueden ser simples (una imagen, un sonido, una idea, etcétera) o muy elaborados. Los sueños más elaborados contienen escenas, personajes, escenarios y objetos.

Como conclusión, la figura siguiente resume todo lo indicado hasta aquí, que son las características del sueño “normal”:


La necesidad de sueño


Cada edad tiene unas necesidades de sueño diferentes: al nacer, los bebés se pasan la mayor parte del tiempo durmiendo, con el trascurso de los años se va necesitando dormir menos hasta alcanzar la vejez en la que se necesitan menos horas de sueño, pero es en esta edad en la que las personas se quejan con mayor frecuencia de “dormir poco” lo que interpretan como un problema de salud, aunque en realidad puede ser una situación normal correspondiendo a una vida en general menos activa.

Se ha comprobado que los trastornos del sueño se dan en cualquier edad y se pueden deber a:
  • Causas internas: originadas o desarrolladas dentro del organismo (enfermedades, factores psicológicos…)
  • Causas externas:Higiene inadecuada del sueño, consumo de estimulantes, tratamientos…
El 40% de las personas tienen problemas de sueño alguna etapa de su vida, pero aumentan en la edad avanzada por cambios en el patrón del sueño, transformaciones fisiológicas y variables ambientales y personales.

En definitiva, dormir poco produce efectos similares a los del envejecimiento. En el periodo diurno afectan al estado de alerta, ánimo, concentración y atención y a largo plazo pueden producir problemas físicos, trastornos metabólicos y psiquiátricos (ansiedad, depresión…).


(Consultar este enlace para profundizar en los trastornos del sueño)

Consejos para dormir bien


Existen una serie de condicionamientos que favorecen el camino hacia el sueño: la actividad física favorece la necesidad de descanso, nuestro cerebro necesita orden y rutina antes de dormir, determinadas sustancias dificultan conciliar el sueño, etc. 
Los siguientes puntos detallan una serie de consejos para dormir bien, publicados por la Escuela de Medicina de Harvard (EEUU):


  1. Haz ejercicio: Mantenerse físicamente activo cada día con actividades al alcance de la mano como caminar, correr o nadar, nos aportan tres beneficios clave de cara a obtener un sueño reparador: cuando uno está cansado por el ejercicio se duerme más rápido, consigue un mayor porcentaje de sueño profundo y se despierta con menos frecuencia durante la noche.
  2. La cama es sólo para dormir y para tener relaciones sexuales: El resto de actividades como tumbarse en la misma para ver la televisión, leer las redes sociales, revisar el correo o jugar en el móvil, tableta o portátil no nos aporta ningún factor positivo si queremos dormir mejor al final del día.
  3. Horarios y rutina: Para conseguir dormir bien necesitamos organizar nuestro sueño y hacerlo de forma responsable. Hay que irse dormir a la misma hora cada día y despertarse también a la misma hora, en la medida de lo posible. Entrenar a nuestro cuerpo de cara al sueño hará que nos durmamos también más rápidamente y nos despertemos más frescos.
  4. Adiós al tabaco: Fumar es un gran enemigo del descanso, aparte de nuestra salud en general. La nicotina provoca en nuestro organismo un efecto que dificulta que nos quedemos dormidos con facilidad.
  5. Una buena zona de descanso: El lugar donde duermes debe ser un templo de tranquilidad y silencio. El móvil, el portátil o la televisión deberán estar fuera de la zona de descanso. Lo ideal es que esté oscuro, relativamente fresco y todo lo tranquilo que sea posible. La habitación deberá estar ordenada y con pocos objetos alrededor para facilitar ese ambiente de tranquilidad que requiere un sueño reparador.
  6. Menos bebidas con cafeína: El café, el té o los refrescos pueden apetecer mucho a lo largo del día pero la cafeína nos provocará más dificultad para dormir por la noche y también aumentan la necesidad de despertarse para hacer pis durante la noche.
  7. Los somníferos tampoco son buenos aliados: Intenta evitar las pastillas para dormir y consulta con un especialista la forma más eficaz de tomarlas durante el período de tiempo más corto posible.
  8. Beber menos alcohol: El alcohol deprime el sistema nervioso, lo que ayuda a quedarse dormido. Sin embargo, este efecto desaparece a las pocas horas, lo que provoca que podamos despertarnos varias veces a lo largo de la noche, impidiendo un buen sueño. Además de esto, el alcohol magnifica los ronquidos y otros problemas respiratorios relacionados con el sueño.
  9. Siestas sí, pero cortas: Dormir la siesta es beneficioso para continuar con energía el resto del día, pero no si son extensas. Un máximo de 20 minutos nos sentará fenomenal. Más, sólo impedirá que por la noche consigamos conciliar el sueño.
  10. Si no consigues dormirte, levántate: Quedarse en la cama tras 20 minutos de haberse ido a dormir es un indicador de que no estamos relajados y por tanto, nos va a costar quedarnos dormidos. Levántate, ponte a leer un poco, y luego vuelve a la cama. Dar vueltas y vueltas en la misma durante horas no acelerará el proceso.

Y a modo de conclusión…


Recordemos que el proceso del sueño empieza desde que nos hemos levantado ese día:
  • Hacer un buen desayuno, ya que, como hemos visto, durante el sueño hemos mantenido una gran actividad cerebral y hay que reponerse para comenzar bien el día.
  • Optimizar el día mediante el control de la ansiedad y el estrés, relativizando los problemas que puedan surgir, y dedicando un tiempo para relajarnos, realizar actividades físicas y de entretenimiento 
  • Procurar rodearnos de personas positivas y alegres, disfrutar de la amistad, de la luz del día, valorar lo que tenemos y mostrar actitudes positivas ante las personas y los acontecimientos.
  • Vivir el aquí y el ahora, centrarse en lo que se está haciendo, cuando se está trabajando, se está trabajando y cuando descansamos, disfrutamos de ese descanso, es decir disfrutar de lo que hacemos, desconectando de todo lo demás y en definitiva estar en paz con nosotros mismos.
  • No llevarnos preocupaciones a la cama y recordar algo agradable o divertido que nos haya pasado durante el día, por mínimo que sea, ya que la felicidad no está relacionada con grandes acontecimientos, es el resultado de disfrutar pequeños momentos que vivimos cada día.


Para finalizar, queremos compartir con vosotros la siguiente dedicatoria, extraída del libro “El Camino del Sueño” del Dr. Eduard Estivill y la escritora Yolanda Sáenz de Tejada…

… a todos los sueños que nunca llegaron a serlo
¡¡ porque alguien no soñó !!


miércoles, 15 de octubre de 2014

Diagnóstico: Desesperanza


Por Sandra González Pérez


La enfermería, al igual que la medicina, posee una terminología sanitaria específica, y al igual que los médicos diagnostican de enfermedades, tales como la gripe o una úlcera, los enfermeros también tenemos nuestros propios diagnósticos de enfermería, que en vez de estar dirigidos a la enfermedad hacen referencia a las respuestas humanas. Uno de estos diagnósticos es la desesperanza.

Diagnóstico enfermero: Desesperanza


La desesperanza es un diagnóstico enfermero bastante desconocido. La enfermería debe garantizar el cuidado holístico de la persona, trabajando “a pie de cama”, “conviviendo” con el paciente las 24 horas del día. La enfermería es una profesión donde prima la accesibilidad, que desarrolla una relación terapéutica con el paciente basada en la confianza y en la comunicación, una profesión con suficiente capacidad para detectar este fenómeno psicológico. Todo ello genera situaciones idóneas para diagnosticar un posible caso de desesperanza.

La desesperanza se puede identificar como un conjunto de sentimientos negativos acerca de uno mismo, el mundo y el futuro, relacionándose también con la situación presente y partiendo del pasado.

Por tanto, un individuo desesperanzado es un sujeto que cree:
  • Que nunca podrá salir adelante por sí mismo.
  • Que nunca tendrá éxito en lo que intente.
  • Que nunca alcanzará objetivos-metas importantes.
  • Que nunca podrá solucionar los problemas que se planteen en su vida.
Dicha situación se asocia con diversos procesos de alta incidencia en la práctica asistencial sanitaria.

En relación con el sentido de la vida, existe una relación negativa directa entre el logro existencial y la desesperanza. Igualmente, destaca el valor predictivo y diagnóstico de la desesperanza en el suicidio, y en cuanto a la depresión, la relación queda establecida desde Beck, con su Modelo cognitivo de la depresión.

Pero la desesperanza también se relaciona con otros procesos, como el burnout, la baja autoestima, la agresividad o lo que se conoce como desesperanza prestada (por identificación con padres que así se sienten).

Para la ayuda en el diagnóstico y valoración de la desesperanza, Beck y colaboradores desarrollaron en 1974 la Escala de Desesperanza de Beck, que además sirve de técnica de screening para la depresión y el riesgo suicida.

Factores relacionados


La desesperanza tiene múltiples factores relacionados, la mayoría por situaciones en las que la realidad resulta apabullante. Entre ellos destaca el abandono, el deterioro del estado fisiológico (situaciones de recaídas, no mejorías, percepción inadecuada de la enfermedad o dolor), estrés de larga duración, prolongada restricción de la actividad que causa aislamiento o pérdida de fe en los poderes espirituales y los valores trascendentales (sobre los cuales no existe un consenso, algunos autores señalan cómo la espiritualidad y la religiosidad aumentan el bienestar de la persona, y otros certifican que se multiplica por 4 el riesgo de depresión y desesperanza).

En cuanto a las características definitorias de un paciente con desesperanza destaca que es un sujeto pasivo, con falta de implicación en los cuidados, con disminución de las emociones y la verbalización y con claves verbales y no verbales de pesimismo.

En relación al tratamiento de la desesperanza, desde 1998 y a través de la iniciativa de Seligman surgió una nueva subdisciplina conocida como psicología positiva que pretende fomentar las fortalezas humanas, el optimismo, la esperanza y el valor.

El papel de la enfermería

La actuación de la enfermería con un paciente desesperanzado se basa en 4 puntos: el desarrollo de un ambiente terapéutico, la valoración de la situación del paciente, un plan de cuidados basado en la consecución de metas y la educación para la salud.

Dorothea Orem, destacada figura en la historia de la enfermería, afirmaba que el papel de la enfermera debería enfocar su actividad en ayudar al individuo a mantener el autocuidado.

Los profesionales sanitarios debemos entender que el paciente es el verdadero protagonista de su salud, haciendo que éste convierta la desesperanza en esperanza y la impotencia en verdadero poder hacer.

Antes os hemos hablado del importante valor predictivo de este diagnóstico enfermero en el suicidio y la depresión. Una buena valoración de la enfermera de familia puede llevar a prevenir y encauzar el problema, contando con la ayuda de otros profesionales.

Nos despedimos con este interesante vídeo de la OMS sobre la depresión: